jueves, 13 de julio de 2023

Boronas

Quiero escribirle. Hola, ¿Tomamos un poco de aire? inhalemos, inhalemos, un poco más, sostengamos, soltemos. ¿De nuevo?.

Me relaja mucho respirar así. Sé que aunque es demasiada corta la sensación, es mejor que nada. ¿Cómo no sentir que la vida se hace larga y tediosa cuando el peso viscoso de la melancolía sólo te permite respirar de a pequeños bocados? No cabe más adentro. Ya está bastante lleno el corazón, el pecho, los intestinos, la cabeza de un reguero de boronas, de un montón de trozos de papel que alguna vez fueron un colorido sueño.

Quiero que respire como yo lo hago en estos momentos, con bocanadas grandes y que al soltar el aire mentalmente diga su nombre. Pero no le escribo. No quiero hacerlo realmente. Sólo tengo esto para ofrecerle bocanadas de aires.

Si mi vida se contara como una película, este momento sería aquel en que la escena no tiene música de fondo. En el que la cámara me enfoca en un plano fijo, se escucha solamente mi respiración corta, rápida y ahogada; y en el que por sorpresa tomo aire por la nariz y la boca a la vez, no parpadeo, fijo la mirada decidida en la pantalla y aunque tecleo lo que siento, contengo el aire y mientras lo suelto, borro todo.