domingo, 6 de agosto de 2017

بيتزا في خطوتين. ( Receta de pizza)

Hoy he querido imaginar que estoy parado frente a una ventana amplia, un día húmedo y soleado, y que a lo lejos, entre los verdes claros, oscuros y brillantes de los árboles, veo venir por un camino sin pavimentar un campero rojo con blanco.

Con ésta imagen en mente, pienso, ¿quién podrá venir ahí?, ¿a ésta hora?, y ¿a esa velocidad?

El rojo con blanco cada vez se define más y logro ver las abolladuras y la pintura quebrada al lado de las farolas. Escucho el crujir de las piedras cuando el campero frena y siento como si cientos de personas rasgaran miles de hojas de papel a destiempo. Pizza Cardinetti: Bien amasada, bien reposada y sorprendente, leo en su puerta.

Aunque el campero continúa detenido frente a mi ventana y no logro ver con claridad quien conduce, sé que me mira fijamente. Chaqueta negra, capucha sobre el rostro y mangas sobre sus dedos como si fuera un ninja.

La brisa me refresca mientras camino hacia su ventana. Me mira fijamente, sus pupilas dilatadas pareciera que buscaran aprender de memoria cada uno de mis gestos.

Levanto mi mano para saludar cuando quien conduce, sin decir nada, estira su brazo y abre su mano. Un pequeño rollo de papel se asoma sobre sus dedos, y con la mano extendida, me insiste que lo tome; no entiendo, pero sin pensarlo lo cojo mientras un suave viento me trae el aroma que se concentra adentro: Un olor sutil y dulce que ocupa toda mi nariz y me llena de una abullonada familiaridad.
Escucho acelerar el campero, abro los ojos y sin despedirse retoma su marcha. Una nube de tierra fina me impide ver como se aleja.

Desconcertado voy desenrollando y estirando aquel papel. Encuentro una frase que no entiendo: بيتزا في خطوتين. Continúo abriéndolo y entonces, de repente, se extiende este menaje:

Si has tenido la fortuna de ser quien heredará el secreto de la Pizza Cardinetti, esto es lo primero que debes tener en cuenta: Un paso a la vez, con esto de la pizza no hay que ir de afanes. 
Nada más! Doy vuelta al papel, miro los bordes con detalle, lo miro a contraluz, nada!

¿Sin afanes?, no son buen ejemplo de paciencia, pienso; y al parecer ese ninja, tampoco lo es de buena conducción. Además, ¿qué carajos es esto de venir hasta acá a darme un papel?

Sin saber qué mas pensar, regreso a mi ventana. Una vez me paro de nuevo frente a ella a disfrutar la vista, suena el celular. Número privado.

Respondo con cautela: ¿Aló? Una voz me responde al otro lado. Ya que entraste de nuevo, a reunir los ingredientes. Miro a los lados sorprendido, alejo el celular y también lo miro. ¿Cómo sabe que entré de nuevo? ¿quién habla?

La voz no me da tiempo de preguntar nada, cuando acerco de nuevo el celular continua con sus instrucciones:

Esto es lo primero que debes alistar: 

a) 250 gr de harina de trigo; 
b) Un poco más de medio de Mug de agua tibia; 
c) Una cucharadita y media de levadura seca; 
d) Una cucharadita de sal y 
e) Aceite de oliva. 

Ahora manos a la masa... Primer paso.

En un bol, pasa la harina por un colador para que quede como dicen algunos profes: sueltica. Luego, revuélvela con la levadura y la sal (preferiblemente con una cuchara de madera). 

Cuando todo esté revuelto, agrégale el agua tibia de a pocos y comienza a amasar. Sigue agregando y sigue amasando hasta que sientas que la masa se va haciendo manejable. Una vez tienes una masa para jugar, sácala del bol a una superficie con un poco de harina y continua amasando sin detenerte durante 10 minutos mínimo, o hasta que esté compacta, homogénea y suave. 

Unta aceite de oliva en un bol, forma una bola con la masa y déjala reposar tapada con un plástico por lo menos una hora (también unta el plástico con un poco de aceite). La masa va a duplicar su tamaño. Te voy a enviar unas fotos.

En este punto su voz me había envuelto por completo. No sólo era cálida y animada sino que me había convencido que estaba próximo a saber un gran secreto. Tomaba nota de las indicaciones y tan sólo decía: Ujum, ajá, Mmmm...


Mientras la masa está reposando, prepara el tomate. Toma 6 tomates, pélalos (la forma más fácil es escaldarlos, es decir, hacerles una pequeña cruz en la punta y ponerlos a hervir en agua para que se afloje la piel), y córtalos en trozos. 

Cuando haya subido la masa, es que ya está lista pa el Segundo paso.  

Enharina un poco de nuevo la superficie y aplana la masa con un rodillo. Estírala de manera que quede más o menos de medio centímetro de grosor. Juega con ella. 

Ponle, luego, un poco de aceite al molde para el horno, coloca la masa allí y distribúyele el tomate. Aplícale un chorro de aceite de oliva, y al horno. 18 minutos debe estar ahí a 220º C. Te voy a enviar una foto.



Ooooopsss... jajajajaja, qué pena, me equivoqué. Ahora sí.



No olvides el chorro de aceite de oliva antes de meterla al horno. Mientras pasan los 18 minutos, alista la otra parte. Te sugiero que hagas la pizza Cardi-napolitana. 

Para ésta alista:

a) Unos 150 gr de mozzarella, 
b) Una pizca de orégano, 
c) Jamón serrano, 
d) Salchichas trozadas, 
e) Aceitunas cortadas y 
f) Unas hojas de albahaca fresca. 

Pasados los 18 minutos, distribuye todo esto en la pizza como pintando un cuadro; después, llévala al horno unos 7 u 8 minutos hasta que el borde esté crujiente. 

Te envío una foto del cuadro y otra... 



...del resultado luego de los 7 minutos... jajajajaja...


Espero que hayas podido tomar nota de todo. Recuerda nuestro lema: Bien amasada, bien reposada y sorprendente; y los dos pasos!; con eso basta para que te quede deliciosa. 

Aunque me lo advirtieron, no quiero colgar sin decirte el último secreto, mi nombre. 

Me llamo... Tu tu tu tu.... (0% de batería).

domingo, 23 de julio de 2017

Pollo con peperoni arancioni (Receta)

Era una tarde gris, cuando empezó a caer, eeeeel aguacero aquel, que trajo hasta mi.
Era una tarde griiiiiiiiiiiis, y la lluvia cayó, y como se mojó, lo que sentía por ti... 

Sí que me gusta esta canción. Sonó justo cuando terminamos de almorzar el Pollo con peperoni arancioni (Pollo con pimentones anaranjados). 



Para ese momento los párpados ya se me cerraban. No era que me pesaran, era más bien como si me bajara agua tibia por el rostro y en los tímpanos se me fuera acumulando un delicioso sueño. Que rara es esa canción, pensé mientras la melodía ya era un lejano y alegre lamento: Una letra triste con un ritmo sabroso. 

Luego de estar activo en la cocina, ahora todo parecía más denso y lejano. Eramos casi un grupo de zombies luego de disfrutar esta comida. Eso sí, unos zombies sonrientes.

Esta receta me tomó en total 1 hora y 1/2. Alrededor de 18 canciones de la playlist Salsibiris que les comparto: https://open.spotify.com/user/daroc_/playlist/4KP3Crn67JA68R6JswGxEG 

Luego de mercar y conseguir los ingredientes, me dispuse a prepararla. Tenía a la mano:

a) 2 pimentones grandes (más anaranjados que rojos)
b) 2 cucharas de aceite de oliva
c) 1 diente ajo grueso y un poco aplastado 
d) 3 muslos de pollo
e) 150 ml de vino blanco Suavignon Blanc
f) 4 tomates chontos
e) Sal y pimienta

Configuré la playlist en modo "Sorpréndeme", y di play. 

(Suenan unas trompetas con ritmo de balada)... Juntos, caminemos juntos, otra oportunidad que nos da la vida, saber que tu eres mi obra consentida... (Pensé en Elena y Alejandra)

Encendí, entonces, el fogón y sobre una parrilla puse a asar los pimentones. Fui dándoles la vuelta a medida que se iban poniendo negros. El objetivo era tostarlos por todos los lados. 

Al mismo tiempo, tomé los tomates, les hice una pequeña cruz en la punta y los puse en agua hasta que hirviera para luego pelarlos con facilidad, cortarlos en cuadros, y en la medida de lo posible, quitarles todas las pepas.

... y canto a la vida, de risas y penas, de momentos malos y de cosas buenas...


Una vez los pimentones estuvieron asados, los metí en un bolsa y la cerré con fuerza. Debía soltar una lenta carcajada: JA, JA, JA, y dejarlos encerrados ahí hasta que se enfriaran para poder quitarles luego la piel con mayor facilidad, aunque suene cruel, esa era la indicación de la receta.

... y nadie pregunta, si sufro si lloro, si llevo una pena, que hiere muy hooooondo...

Fríos lo pimentones los pelé como raspando miles de cerillos o como desescamándo pescados. Me tomó casi toda la canción del viejo Hector Lavoe pelarlos totalmente. 

Ya pelados y teniendo los tomates en trozos, estaba listo para encender nuevo el fogón. 



...Fuego!!! ah la la, la la, la la... la la laaaaaaaa... En el 23, de la 110, no se puede estar tranquilo... te diré por qué... 

Calenté un poco más de dos cucharadas de aceite de oliva en un sartén y puse el ajo a dorarse por todos los lados. Aromatizado el aceite, debía entonces colocar los muslos a dorar, y adivinen por cuantos lados? 



Así es. Por toditos. 

Seguido de esto, era momento de dar paso al vino blanco. 150 ml pal chef, 150 ml al sartén con los muslos. Es importante tener cuidado porque la felicidad del aceite al recibir al vino, es chispeante! 

Debía dejar hervir el pollo con el vino hasta que se evaporara totalmente, así que fue momento para esperar.

Uh!!!... Vacílalo rumbero... (suenan trompetas, el bajo y los tambores a lo loco. Luego paran y queda sólo el bajo: pu, pu pu, pummmmm...) Del caribe aflora bella encantadora, con mar y río, una gran sociedad... 

Recordé en ese momento a mi Tío Orlando y su gusto por escuchar al Joe una y otra vez en el iPad. Seguí la canción como si hiciera parte de la orquesta tocando los timbales, luego las congas, y de nuevo los timbales. 

Hace varios días vi con unas amigas el video apertura del programa del Show de Jimmy: 

"Caracol televisión presenta su programa de risas, alegría, música y buen humor con la gente más feliz de la televisión... (y entra cantando Jimmy)... Hola amigos, bienvenidos, a la hora con más música. Somos felices, porque sabemos, que cada semana, usted nos ve..." (https://www.youtube.com/watch?v=6pSLwBKxF6c)

Así como sonreía Jimmy en ese video, toqué las congas y los timbales al ritmo del Joe mientras se evaporaba el vino. 



...Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar, con el tumbao que tienen los Darius al caminar, la manos siempre en los bolsillos de su gabán, pa que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal...

Cuando el vino ya era historia para el chef y para el pollo, un salsa espesa quedó en el fondo del sartén. Era momento de bajar el fuego a Medio y combinarle los pimentones cortados en tiras y los tomates que ya tenía en trozos.

Luego de esto, tapé el sartén y los dejé 20 minutos a fuego medio. 20 minutos!!! Alcanzaron a sonar en ese tiempo:

1. (Arranca el piano y repite. Entran los timbales y las congas, repiten todos. Trompetas a todo dar y después de un sonoro rato juntos, viene una de las pocas voces)... Vamos contonéame Alfredito, contonéame... (Recordé a Martín y su baile caleño. También algunas escenas de Qué viva la Música)

2. Ah la la, le lo le, lo lo lo lo, lo lo lo lo... (cantos que luego de combinarse con un bajo punzante y unas buenas congas sueltan)... y el niche que facha rufa, lo atara la arache; aunque diñe bien su yira, lo atara la arache...

3. Yo soy así, es mi forma de ser, qué te puedo decir, amor. Soy bueno, soy malo, a veces y no puedo ser mejor... (y mucho más adelante)... Quieeeremeee tal como soooooooyyyyy...

Cumplido el concierto, el pollo estaba listo. 


Sonaron esas marimbas acompañadas de timbales, congas y maracas, y canta Cheo:  cuco el bravo me dicen lo dejaron tirao, como efecto de los golpes camina cachondeado. Aaaaaaantes roncaba de guapo pero ahora mismo está, recogiendo galletazos por todita la cuidad, y camina de lao...

Con esta canción de fondo serví el pollo acompañado de arroz con coco y aguacate. 

Hoy por primera vez dije: Elenaaaaa!!!, Alejandraaaa!!!, está servido!

sábado, 8 de julio de 2017

Una ricetta, una storia

El día del reto de la delizia al riso una amiga compartió con todos nosotros un postre variado y delicioso. Un postre de contrastes, podríamos decir. Su textura cremosa y su cubierta dura empata muy bien con la combinación de sabores que integra: acido y dulce a la vez. 

Sin más preámbulos la receta que quiero compartirles en esta oportunidad es la del Postre de maracuyá con galletaFrutto della passione dessert con biscotti.

Intentaré reconstruir aquella noche que lo preparó.


Termina la música, todas aplauden, se miran y sonríen. Aunque agotadas, están satisfechas con los avances de la coreografía. 15 años llevan ensayando y presentándose, y ensayando y presentándose, y aún así, hay noches como hoy, en las que se sorprenden y se alegran como si fueran sus primeros bailes. 


Luego de despedirse, sube a su carro y toma rumbo hacia el supermercado. No tararea ninguna canción, no enciende la radio. Tan solo abre un poco la ventana para sentir la brisa fría que está haciendo y repasa mentalmente los ingredientes que va a comprar:

GLAL-CM-CM, GLAL-CM-CM, repite una y otra vez.

Mira la avenida en sentido contrario y se reconforta al saber que puede ir a la velocidad que desea, que no hay luces rojas iluminándole la cara en un denso "avance-pare", y que no hay miradas fijas desde los otros autos que tratan de imaginar quién es, a qué se dedica o qué disfruta hacer en su tiempo libre. 
Está segura que nadie imaginaría, por ejemplo, que ahora va a preparar un rico postre mientras escucha canciones que la alegran, y que tal vez animada, va a levantar los brazos y a hacer un giro de ballet para luego hacer una venia y esperar los aplausos de un selecto público imaginario. 

GLAL-CM-CM, GLAL-CM-CM. ¿Qué canciones pondré ahora? se pregunta mientras parquea su carro. 

Toma una canasta, mira su reloj y sabe que le quedan unas horas antes que el sueño la invada. Se afana a conseguir los ingredientes. 
¿Cómo era? GLAL-CM-CM, GLAL-CM-CM, sí.

Galletas Ducales (Las del toque secreto)
Leche condensada (1 lata. 395 gr)
Azúcar (2 cucharadas)
Leche entera (200 ml)

Canela (un par de astillas)
Maizena (1 cucharada)

Crema de leche (1 lata. 295 gr)
Maracuyá (5)


Con todo listo va ahora rumbo a su apartamento. A veces lo más desagradable de la soledad es que multiplica el frío, y la rinitis. No puede contener los estornudos, Achisss!!! Achisss!!! Achisss!!!. Podría ser casi su mejor marca, 5 cuadras de estornudos seguidos! Afortunadamente suele conducir con precaución. 

A pesar de haber tenido un día difícil en el trabajo, reservó energía para la tarea que se avecinaba. Sin tensión entra a su apartamento, descarga la bolsa en el muro junto a la estufa, cuelga su chaqueta en el perchero de la entrada, Achisss!!!, y va director a buscar el iPad para seleccionar las canciones de su banda sonora. 

Acordó consigo misma que una vez diera Play a su lista de canciones, sin interrupciones se pondría a preparar el postre. No llamadas, no mensajes de whatsapp, no facebook, no, nadie.

- Don´t Know Why / Norah Jones
- Herza - Enta Fen / Soap Kills
- Help is Coming / Ayo
- Black Horse and the Cherry Tree / KT Tunstall
- Love Never Felt so Good / Michael Jackson, Justin Timberlake... (La canción para chasquear los dedos. No puede faltar)
- Hysteria / Def Leppard

Se pone cómoda. Fuera botas, puestas medias suaves y gruesas pero con antideslizantes y Play.

Enciende un fogón de la estufa y repasa la receta. Listo, leída. Ahora, lavarse las manos e iniciar. 

Primero, apaga el fogón porque cae en cuenta que no lo necesita aún. Saca la licuadora y echa en ella los 3 maracuyás, un poco de agua (que den 250 ml), los licúa y los cuela. Ya que tiene el jugo de maracuyá lo pasa a una jarra y lava rápidamente la licuadora.

De nuevo licuar. Hace un gesto falso de preocupación y piensa que algún vecino oyendo la licuadora imaginará que esta haciendo un postre, o unos margaritas. 
El del postre sin dudarlo pensará que es una descarada teniendo en cuenta la hora, el de los margaritas, soñará que tiene uno en su mano, que está recostado en una hamaca y que no es de noche sino es medio día en un lugar tranquilo y caluroso. Salivará pensando en el margarita y estará de acuerdo con que es una descarada por no invitar. 



Coloca ahora en la licuadora el jugo de maracuyá, la leche condensada, la crema de leche y la leche entera. Sí toda a la vez y todo el contenido de las latas. Licúa todo hasta que tiene ya una consistencia cremosa.



Por fin llega el momento de encender el fogón. Hierve una taza de agua y vierte la gelatina sin sabor. Ya disuelta, la mezcla con otra taza de agua pero fría. 

Ahora mezcla la gelatina preparada en un bol con el contenido de la licuadora. Suena en ese momento KT Tunstall y se anima batiéndola no solo con la mano, mueve también los hombros al ritmo de la música, las caderas y menea la cabeza. 

Listo. Ya tiene la mezcla del postre. Cierra los ojos y prueba su sabor del borde del bol. Asiente y aprieta los labios. En su punto, piensa. 

En la refractaría coloca de base las galletas del toque secreto y vierte toda la mezcla del postre. En breve deberá ir al refrigerador.




Repasa la receta y ya solo falta la salsa. 

No es la primera vez que prepara este postre, por el contrario, se siente confiada al hacerlo pero está convencida que encender el fogón dos veces es de principiantes. Seguro otra persona habría preparado casi simultáneamente la gelatina mientras licuaba. Por esto mismo, no disfruta mucho cocinar. Solo en ocasiones especiales como celebrar el año nuevo un día cualquiera, o verse sorprendida por unos súbitos deseos de preparar algo sabroso, la motivan lo suficiente para ponerse en esta tarea.

Encendido el fogón de nuevo, cocina los dos maracuyá con las 2 cucharadas de azúcar, medio pocillo de agua y una cucharada de Maizena que ya tenía disuelta. 

Como cuando se va a rememorar o a compartir un secreto bien guardado, sube un poco sus hombros, mira a su alrededor y corrobora que no hay nadie más; entonces, toma dos estrellas de anís, un pedacito de jengibre y lo combina con la preparación. 

Sabía que ahora debía revolver y dejar hervir la salsa hasta que espesara cuando de repente, inicia Love Never Felt so Good. 

Mientras revuelve, comienza a golpear su pié contra el suelo al ritmo de la canción, luego a mover la cabeza de un lado al otro y de arriba hacia abajo, llegó el momento de chasquear los dedos, clap, clap, clap; ya todo su cuerpo esta en sintonía cuando se fija en la olla, espesó la salsa, el postre está casi listo.  



Con precisión retira las estrellas de anís y el jengibre. Vierte la salsa sobre la mezcla ya reposada, la deja enfriar un poco, envuelve la refractaria en papel aluminio, y ahora sí, al refrigerador. 

Mira el reloj del microondas, 11:41 pm, termina la música,"it´s done" se dice mentalmente, hace el giro de bailarina, luego la venia. Misión cumplida. 


    

lunes, 19 de junio de 2017

Delizia al riso casero

No tengo un método estructurado para decidir las recetas con las que me pongo a prueba en la cocina. No hago sondeos de opinión ni identifico tendencias de interés de mis posibles invitados, no consulto revistas de gastronomía para ver qué sabores o combinaciones están de moda, tan solo tomo el libro, leo recetas al azar y si me antojo de algunos sabores, me digo, ésta es. 

Otras veces, hago lo mismo pero además de pensar en los sabores, pienso en los ingredientes: ¿los conozco? ¿dónde los consigo? ¿serán muy costosos? ¿¿¿¿¿?????

Revisando el libro de recetas me sentí provocado con la Delizia al riso. Me sorprendí al ver la similitud de esta receta con la del arroz con leche, pensé ¿Será que nuestro tradicional postre viene de una antigua receta italiana? Básicamente el resultado era el mismo! 

Llamé entonces a mi madre y le pregunté cómo lo preparaba. Recuerdo que cuando estaba pequeño solía servirlo con carne asada y papas saladas. A todos nos gustaba. Se sentía muy bien comer juntos ese arrocito humeante antes de dormir. 


Como lo presentí, luego de comparar las recetas comprobé que estaba equivocado. No son tan similares. Aunque se utilizan los mismos ingredientes, en la preparación italiana se debe montar la nata, revolver todo y refrigerarlo para que se compacte; además, la porción de azúcar comparada con la receta de mi madre, es altísimas.  


Provocado más por el recuerdo de nuestra delizia al riso casero, había decidido entonces, hacer la receta de mi madre. 


No me puse en la tarea de inmediato. Decidida la receta, conseguí unos días después los ingredientes en la tienda de Don Jorge quien se ha vuelto mi principal proveedor. Me gusta ver cómo poco a poco hemos ido tejiendo una relación. Primero le decía solamente "Vecino", ahora vamos en "¿Qué más Don Jorge, qué cuenta?" y ya hace unos días hasta me prestó un envase. Eso sí, espero que se llame Don Jorge.

Es probable que en poco tiempo le esté contando de este blog, de las recetas que quiero preparar, que tengamos algunas conversaciones de varios temas, y que incluso, me recuerde algunos víveres que debo llevar a casa: "Mijo, no olvide las cervecitas".

Volviendo a los ingredientes, estos fueron los insumos que conseguí:

a) 250 gr. de arroz blanco
b) 150 gr. de azúcar
c) Unas astillas de canela
d) 6 clavos de olor
e) 1 litro de leche entera
f) 150 gr. de crema de leche,

Mientras me decidía que día hacerlo, el destino golpeó a mi mesa. 

Un primer golpe sucedió cuando María Mercedes, una persona que trabaja en otra área la empresa, llevó un jueves en la mañana un rico arroz para vender en la oficina. Le pregunté cómo lo hacía y resultó que su método tampoco era como el de mi madre. 
En ese instante, una compañera dijo frente a todos que su arroz con leche era delicioso, que a ella le gustaba prepararlo y que desafiaba a cualquiera de los presentes a levantarse, cruzar una línea imaginaria que había dibujado en el piso y enfrentarse a ella en el "reto de la delizia al riso casero". 

Animado, me levanté con rapidez de la silla, salté con ímpetu al otro lado de la línea y al caer por un descuido me golpeé en la rodilla derecha con la esquina de otra mesa. Este fue el segundo golpe. 

Acepté el reto. Nuestros jurados serían los demás compañeros y compañeras de la oficina con quienes nos reuniríamos al otro día, la mayoría de ellos expertos catadores de dulces.  

Les compartiré, entonces, la receta con la que concursé en el reto del arroz con leche.

Con los ingredientes listos, separé un taza de arroz (alrededor de 250 gramos) y una taza de leche. 

A esta primera taza de leche le adicioné alrededor de 100 gramos de azúcar, la canela y los clavos y la puse en un olla a fuego medio. Cuando estaba a punto de hervir la retiré del fuego y le revolví el arroz. Luego, volví a colocar el arroz con la leche aromatizada en el fogón (a fuego medio también) y le adicioné otra taza de leche. 


Aunque la indicación de mi madre fue "déjalo unos 20 minutos que se cocine", debía estar muy dormida cuando la llamé para que me recordara la receta porque, al mejor estilo slow food, tuve que seguir adicionándole leche y un poco de agua por unos 30 minutos más. Mas o menos hasta que se me acabó la leche y hasta que el arroz ya se sentía blando. 

En síntesis, la indicación es "déjalo unos 40 minutos a fuego bajo, revuélvelo de vez en cuando para que no se pegue y sigue adicionándole leche y agua hasta que el arroz esté blandito".


Cuando estuvo listo, mezclé la crema de leche con el azúcar que restaba en un recipiente y lo revolví todo. 

El resultado: Excelente sabor pero poco cremoso. 


Creo que me faltó haber cocinado el arroz con un poco de agua al inicio, o haberle adicionado leche al otro día antes de ponerlo a prueba con los jurados.

El reto estuvo muy sabroso. El arroz de mi compañera quedó cremoso y con un rico e innovador sabor ya que le combinó quinua. Aunque estuvo reñida la competencia, y no fue fácil la decisión para los jurados, finalmente obtuve mi premio por ganar el reto.    



domingo, 7 de mayo de 2017

Una ricetta da qui


Que no haya escrito recientemente no quiere decir que no haya continuado con mi propósito de cocinar una receta cada domingo. 

Puedo contarles, por ejemplo, que hace unas semanas preparé Crema inglese y Magdalenas, y hace unos días debuté haciendo Tortellinis frescos. Con la primera receta me fue muy bien, muy sencilla, y en síntesis, se vendió todo. Con la segunda, en cambio, fui el único y exclusivo comprador.

La Crema inglesa básicamente es una salsa de vainilla que suele usarse para rellenar tortas o acompañar postres. Ese día, organizamos con mis comensales un encuentro de galletas, crema inglesa, y como invitadas principales, Magdalenas de arándanos. Las Magdalenas son hagan de cuenta unas primas hermanas de los Cupcakes y los Muffins. El encuentro resultó un éxito.


Investigué sobre las diferencias entre estos tipos de ponqués (Magdalenas, Cupcakes y Muffins) y al final creo que son como la historia de los tres cerditos y el lobo, no importa como se llama cada uno o si tal vez aquel ha comido un poco más mantequilla que el otro, para unos lobos provocados cualquier cerdito puede ser igual de delicioso.  


Aquí una toma del encuentro:





La segunda receta que les cuento no me salió tan bien. Primero que todo la pasta fresca toma un tiempo considerable hacerla, más para un principiante, así que si la idea es almorzar con esta pasta es mejor iniciar a prepararla tipo 10 am. 
Ese día, adicional a que inicié tarde, luego de arreglar el lugar para mezclar la harina y amasarla, tuve que cambiarme a otro lugar donde estirarla y cortarla lo que extendió el tiempo de preparación. 
El resultado fue que a la hora en que los lobos ya rondaban la cocina y se escuchaban sus aullidos alternados con gruñidos, la pasta hasta ahora se estaba secando! faltaba cortarla, rellanarla, hacer las formas de anillo y cocinarla!, así que ni modo, ese día tocó domicilio. 

En mi caso sosegué al Akela que tenía adentro y terminé la pasta. El relleno lo improvisé y no me gustó. La mezcla de ricota con champiñones sofritos y perejil se me hizo simple y aguada, y la pasta me quedó muy baja de sal lo que remató para mal el momento. 

Eso sí, debo decir que no todo fue tan insípido, acompañé la pasta con queso parmesano y una botella vino tinto lo que al final de cuentas lleno mi almuerzo-cena de vida y sabor.


   
Además de contarles sobre algunas comidas pasadas, hoy quiero compartirles una receta de po´aquí (ricetta da qui), mas específicamente, una familiar. 

Haré una pausa con el libro y las recetas italianas ya que quiero retomar el conocimiento familiar. La herencia inmaterial y muy valiosa de mis antepasados, en este caso particular, de mi mamá (que posiblemente la recibió de mi abuela, y a ella a su vez de mi bisabuela, y ella a su vez de mi tatarabuela, y a ella a su vez de una señora de una finca vecina o que la pudo haber escuchado en radio, hasta allá no lo sé).


La receta que les voy a compartir es la de la Sobrebarriga Sudada y aplica para todo lo que se quiera sudar. 


Ingredientes:

a) 1 libra de sobrebarriga delgada
b) 5 papas cortadas en 4
c) 4 tomates chontos
d) 2 cebollas cabezonas
e) Un poco de pimentón rojo
e) Un poco de aceite de girasol
f) Sal 
g) Un poco de tomillo
h) 2 hojas de Laurel
i) Cerveza opcional

Con todo esto listo, les voy a contar cómo preparé el día de hoy la receta familiar que es un fiel reflejo de cómo se ha preparado por generaciones. 


Para ambientar la preparación, como música de fondo fui escuchando la Selección vocal de 2012 del concurso Mono Nuñez (que se puede escuchar aquí) y repetí varias veces esta canción


Para iniciar coloqué en la olla express la sobrebarriga con un poco de agua (que no la tapara), una pizca de sal, una hoja de laurel y un poquito de tomillo. Luego que comenzó a pitar la dejé durante 20 minutos cocinando. 


Mientras se ablandaba la sobrebarriga, corté los tomates, el pimentón y la cebolla cabezona e hice un guiso con un poco de aceite, una hoja de laurel y tomillo. Como dijo mi má: "Apenas cocinadito".




Pasados los 20 minutos, destapé la sobrebarriga y como tenía aún un poco de agua la puse a cocinar con el guiso unos 10 minutos. No cerré la olla pitadora sino que utilicé una tapa normalMientras seguía la cocción, pelé las papas, las corte en 4 pedazos cada una, y cuando pasó el tiempo, las agregué a la olla con un poco de agua.




Ya sumadas las papas en la olla, el aroma fue creciendo. Según me indicó mi má, el secreto es dejar el sudado cocinar a fuego medio unos 20 a 30 minutos hasta que se ablanden las papas. Su consejo central en este momento fue estar atento que no se seque el sudado porque se pega.

Aquí foto de la mirada a la olla. 



¿Qué tal se ve el aroma?


Listo! pasados 30 minutos estaba lista la sobrebarriga. En mi caso creo que sonreí como lo hicieron en otros momentos mis abuelos, mis tíos abuelos y abuelas, mi tío, mi tía, mi madre, mi padre, mi hermano, mis primos, sus hijos y como espero que sonrían a futuro mis sobrinos, Sofi y nuestros descendientes y herederos o herederas. 



Finalmente, incluí en los ingredientes la cerveza como opción para el cocinero y también para el sudado. Sobre este punto le pedí a mi madre que no me dijera en qué momento había que agregarla, confiaría en mis genes que me indicarían cuando sumarla a esa fiesta de sabores. 


Para el caso de la sobrebarriga no lo hice, pero 8 días atrás había preparado sudado de pollo y me sorprendí cuando sentí el llamado de agregarle un poco de cerveza a la preparación. Se anunció como un antojo, como cuando se recuerda un sabor y "se hace agua la boca", fue ahí, entonces, que destapé la cerveza fría, mezclé un poco con la cocción y de paso refresqué una sed tremenda que tenía.