domingo, 22 de enero de 2017

Segunda receta: Omelette alla provenzale y Asparagi alla parmigiana (primera publicación)

Algo que no tenía incluido en mi listado de propósitos para este año, se transformó por sorpresa en uno de ellos. En ocasiones imagino que muchas personas piensan, hacen o viven momentos como los que a mi me pasan, así que, respaldado por esta multitud, puedo afirmar que es "común" que dentro de un sujeto vivan muchas versiones de él o ella (o de los dos), y que constantemente, estas versiones se sorprendan entre sí. 

Con el ánimo de darle sentido a este texto podría decir que decidí cada domingo, como mínimo, cocinar una de las recetas del libro La Cuchara de Plata que recientemente compré; pero por lo que recién escribí, tanto así como decir que "decidí", suena raro. 

Serena, consciente y pausadamente como a veces se sueñan las decisiones, no, no fue así, fue solo una idea que surgió con un: ¿por qué no?.  Así que sin más rodeos les hablaré del contenido de mi "decisión".

Aunque inicié el pasado fin de semana con los Giambonetti di pollo al vino rosso (Muslos de pollo al vino tinto) no voy a contar mucho de ellos. Este fue el resultado: 


Esta receta son de esas que al tener vino, animan, y que al ser solo una parte lo que se necesita para la cocción (375 ml.), queda lo suficiente para rematar la botella con la comida y disfrutarla al máximo.
Tan solo un comentario: Es mejor dejarle la piel a los muslos para que se dore el pollo y la carne no tome un color tan oscuro por el vino.

Volviendo sobre la receta de hoy (título de esta entrada), pues me animé con el omelette alla provenzale (Tortilla a la Provenzal) y los asparagi alla parmigiana (espárragos al parmesano). 

Aunque intenté prepararlos simultáneamente, los espárragos están mucho más rápido. Es solo cocinarlos en agua con sal durante 15 minutos (el agua debe estar hirviendo cuando se pongan a cocinar), y luego: 1) escurrirlos, secarlos y servirlos en un plato, 2) esparcirles queso parmesano, 3) derretir mantequilla, y finalmente, 4) echársela encima. Quedan muy buenos.  
Como ven, están en 17 minutos.

La tortilla tiene más trabajo. Cuando terminé de prepararla y la serví, los espárragos ya estaban fríos aunque de todas maneras muy buenos. Estos mismo (creo yo) los comí servidos sobre un trozo de madera (como un leño pequeño) en el restaurante Madre. Un detalle inolvidable. Algo que le sumó a que esto fuera inolvidable, fue que esa vez por distracción (tal vez) una señora que pasaba por mi mesa, se tropezó con una silla, se fue de cara, golpeó le mesa con la mano, lanzó el tronco a la mesa de al lado (ya sin espárragos por fortuna) y golpeó levemente a los señores que comían allí. Se levantó uno de ellos con su traje de paño a cuadros, y dijo su voz nasal: Eso da para una demanda!. Luego de ayudar a la señora, darnos cuenta que nada pasó a mayores para una demanda, me quedé pensando que al señor de cuadros lo había visto en algún lado antes. Meses después descubrí por causalidad que este señor es el actual Fiscal General de la Nación (espero que no use más cuadros, ni que deduzca demandas de un tropezón). 

Volviendo a la tortilla, ésta tiene varios momentos, pero en resumen, es hacer un omelette con tomate, salchicha desmenuzada, perejil y un diente de ajo. Este fue el segundo resultado:



Hoy de nuevo acompañé la receta con vino.