Con ocasión del postre que preparé esta semana y que les detallaré en breve, me puse a pensar ¿cómo se le ponen los nombre a los platos de comida? Al leer varias recetas del libro, se me ocurrió que los nombre tienden a elegirse de cuatro maneras:
1) Los que describen de qué está hecho. Es tal vez el más común, la anterior receta, "Pechugas rellenas de mascarpone" es un claro ejemplo. Estos nombres son sencillos y funcionan si la receta no contiene muchos ingredientes claves.
2) Los que mencionan el origen del plato o hacen una referencia a un lugar especial. El Omelette alla Provenzale, región de Provenza en Francia famosa por sus especies; los Spaghetti alla Puttanesca, que según algunas historias eran preparados en los prostíbulos cerca a los puertos; o el Tamal Tolimencci, son buenos ejemplos.
3) Los que se centran en el efecto del plato. El tiramisú, por ejemplo, es una palabra italiana que significa tráeme arriba, súbeme o anímame. Un dulce efecto de este postre.
4) y finalmente, los poéticos o que parecen palabras de un sueño (como el nombre de Nike. Sabían que uno de los socios soñó con este nombre y aunque no muy convencidos, lo eligieron finalmente. La otra opción era Dimension six). Entre estos nombres podrían estar la Pompa de amor y las Islas flotantes.
Pues el postre por el que me decidí, se llama Pesche al vino rosso (Melocotones al vino), y aunque su nombre está entre los de la primera categoría, me gustó mucho y quise crearle uno propio, un nombre nuevo. Ya adivinarán al final cuál es y en cuál de las categoría está.
El postre en cuestión es de los rápidos en preparación pero necesita un tiempo de, digámoslo así, maduración.
Para empezar es necesario escaldar los melocotones (1 libra de duraznos para mi caso). Para esto, básicamente lo que hay que hacer es calentar agua y una vez está hirviendo, cocinar los duraznos 5 minutos, retirar, escurrir y pelarlos. Un truco clave para que este momentos no sea engorroso, es conseguir duraznos bien maduros, así será muy fácil quitarles la piel.
Hecho esto, se parten los duraznos, se deshuesan (ciao a la pepa) y se reservan los trozos.
Invitamos a la fiesta a cinco amigos: Vino tinto (500 ml), Esencia de vainilla (un shot), Azúcar (100 gr), Nuez moscada (rayamos un poquito) y 1 clavo. Todo esto lo cocinamos en un sartén 10 minutos.
Luego, llevamos a la pista de baile a los duraznos en trozos y los dejamos cocinar con lo demás 10 minutos más.
Pasado este tiempo, hay que retirar los duraznos y reservarlos en un recipiente. El resto, se deja cocinar hasta que se espese y se reduzca. Cuando todos los invitados sean un solo y rico dulce, se retira del fuego y se vierte sobre los duraznos. Aquí es donde hay que dejarlo madurar o reposar durante mínimo 12 horas antes de comerlos.
Pasada una noche de maduración (en mi caso), así quedaron:
El sabor muy bueno. Dulce pero con un poco de acidez y amargo al final (como dicen), muy leve.
Finalizada la preparación, viendo los duraznos mientras se maduraban y recordando historias, pensé en ponerle: Fiesta canibal (ver la foto antes de la final), pero pensé que tal vez podría ser algo fuerte el nombre.
Luego se me ocurrió un juego de palabras: Duvirazno (durazno + vino), pero me pareció muy simple para su sabor. Así que me concentré en esto, su sabor, su efecto.
Pensé, entonces, en las nalgadas de cariño que se dan las personas cercanas. Ese zuas! plash! que a veces es tan divertido, como este postre, y me dije, ese es.
- Señorita, le provoca algún postre?
- Si señor, deme un Nalgazo.
Incluso pensé en un slogan: Siempre quieres repetir. Pero como estamos es en recetas italianas, me sonó mejor Nachazzo.
Así pues, espero que disfruten su Nachazzo.
(Acá pueden escuchar su pronunciación)




